No, un TLC entre México y China no es factible (por ahora)

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En la búsqueda de nuevos aliados comerciales podría pensarse que el gigante asiático es una opción obvia, pero la realidad es que nuestro país no está listo para ello.

Por Adrián Cisneros Aguilar

Hace un par de semanas, durante la feria China HomeLife, Qiu Xiaoqi, embajador de China ante nuestro país, declaró que “su país [tenía] las puertas abiertas para negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con México, y ser un aliado para el sector empresarial mexicano”, haciendo énfasis en la apertura de China al libre comercio con todo el mundo, los 45 años de relación diplomática bilateral, el hecho de que China es el segundo socio comercial de México y las coincidencias históricas y culturales.

Aunque declaraciones como la anterior no son nada nuevo, hoy en día parece haber más voluntad política de parte de China para explorar la factibilidad de un TLC (y esto lo digo como alguien a quien, al defender su tesis doctoral en China, sus sinodales tiraron de loco, diciendo que por qué les interesaría tratar con México sí trataban directamente con Estados Unidos y que, por otra parte, México era parte del TPP, un instrumento estadounidense para contener a China). Esto, aunado a la reciente ola proteccionista de EU, y que ha forzado a buscar la diversificación largamente postergada, ha generado que tanto al sector público como al privado considere los acercamientos con mucho mayor detenimiento que antes.

Es en este contexto que debemos preguntarnos objetivamente: ¿estamos listos para beneficiarnos de un tratado así? ¿Redundaría en beneficios para las empresas, los principales destinatarios de dicho tratado? ¿Pueden México y dichas empresas corresponder a los acercamientos de China, más allá de lo que se diga en medios y redes sociales?

La respuesta —ahorramos el suspenso— es: aún no. Hay cuestiones importantes que deben abordarse previamente.

Un TLC con China no funcionará si no ayuda a resolver, o por lo menos a aminorar las consecuencias de los problemas estructurales de la economía mexicana. Siguiendo a Dani Rodrik, nuestra economía debe fomentar la transición de empresas tradicionales y de baja productividad a empresas más grandes y modernas. Para hacerlo, la economía debe enfocarse menos en manufacturas y bienes comercializables y más en servicios y bienes no comercializables. De lo que se ha visto hasta ahora, tanto México como China ponen énfasis en el comercio, incluso cuando lo hacen en inversión, lo hacen con miras a la exportación. Si ésa es la tónica a seguir para proponer un TLC con China, éste no es viable para México.

Adicionalmente, debería buscarse primero profundizar y explotar las complementariedades entre las economías mexicana y china, que por años académicos y empresarios de ambos países han señalado: la demanda china de los recursos y materias primas de México; el incremento de la mano de obra en China, como consecuencia de la apreciación del yuan; las reformas estructurales mexicanas; la oportunidad de disminuir el déficit comercial invitando a las empresas chinas a fabricar para satisfacer los mercados norteamericano y chino y la participación de México y China en los mismos bloques económicos y organismos internacionales.

Darle importancia a las complementariedades evitaría que se considerara la negociación de un TLC con objetivos puramente políticos y, si se combinan las complementariedades con consideraciones de política económica, podrían traducirse en patrones de negociación reales que impacten directamente el comercio y la inversión, permitiendo a los empresarios amoldar sus proyectos de inversión, estrategias y expectativas de negocio a las normas del TLC.

Por otra parte, algo que raramente se menciona en México es que existen graves asimetrías entre las economías mexicana y china que impiden que podamos satisfacer la totalidad de la demanda de ese país. Si a esto agregamos que el déficit comercial es ya insuperable (de un flujo comercial de entre 50,000 y 80,000 millones de dólares (mdd), según atendamos a las estadísticas de China o México, las exportaciones de nuestro país representan solo el 7% de dicho flujo), tenemos que lo mejor es trabajar en compensar las desigualdades generadas por estos fenómenos. ¿Cómo hacerlo? Centrando las negociaciones no en comercio, sino en la atracción de IED productiva, que nos transfiera tecnología y know-how que impulse la productividad de las empresas mexicanas y, con ello, los niveles de vida de la población. Ciertamente, el comercio y la acumulación de capital por el comercio (o sea, la diversificación a reacción), no deben ser las razones por las que se firme un TLC, ni con China, ni con ningún otro país.

Sobre todo, debe invertirse tiempo, esfuerzo y dinero en obtener ventajas comparativas en Asia y en internacionalizar a las empresas para explotar esas ventajas, antes de pensar en que salgan, y no hablar de negociaciones porque nos sentimos desprotegidos y a la deriva. Sin ventajas comparativas, no podrá haber jamás un intercambio recíproco, ni con China, ni con ningún otro país. Asimismo, si los empresarios no están listos e internacionalizados o en vías de estarlo como para entrar en una colaboración constructiva con el gobierno, más allá de “expos”, “misiones de negocios” o “seminarios de cómo hacer negocios con China”, no podrán proponer patrones de negociación y la eventual negociación de un TLC no tendrá ninguna utilidad.

Entendamos que la diversificación no depende de celebrar tratados o buscar desesperadamente nuevos mercados o fuentes de inversión, sino de salir porque nuestro país ostenta ciertas ventajas comparativas y, muy especialmente, porque las empresas ya son lo suficientemente productivas y competitivas, entendido esto como capaces de satisfacer demanda, cumplir leyes/estándares o poder tratar con socios. Nadie parece estar hablando, ni en México, ni en China, de que mucho trabajo falta por hacer en todos estos aspectos, del mismo modo que nadie parece estar hablando de la necesidad de apoyarse en los mexicanos preparados en ese país para representarnos, gente que tenga claro qué queremos de China y qué quiere China de nosotros.

Acercarse a China sin una estrategia y en nuestra condición presente de reacción ante las circunstancias, combinada con ignorancia no resultará en una diversificación, sino en la creación de una relación de dependencia con un país que, en realidad, no conocemos (ni comercial, ni económica ni regulatoriamente), y con quien sí, en cambio, estamos ya en una posición de desventaja en virtud del déficit comercial, la falta de inversión y la falta de internacionalización de nuestras empresas.

Fuente: Forbes